viernes, 14 de mayo de 2010

Requiem of a green dream

Y hoy nos reunimos aquí, en el mismo lugar de ayer, pero todo es diferente. Nos reunimos donde tenemos por costumbre vivir. Donde siempre hay una sonrisa dibujada. Donde se respiran olas y paz. Donde la música se magnifica a lo perfecto y los días se prolongan, eternos. Donde jamás me cansaría de escuchar barcos y gaviotas y mar. Donde abrir nuestra mente mientras volamos entre un infinito estrellado. Donde las nubes ganan forma. Donde nos confesamos ante la vida, y sufrimos y lloramos y reímos. En donde lo absurdo gana sentido y lo sentido se hace absurdo. En donde las palabras dejan de serlo para transformarse poco a poco en volutas de sentimientos, de verdades, de risas, de aire… En libertad.

Pero hoy no estás tú y te añoramos. Lloramos tu ausencia. No con pena y desazón sino con sentimiento alegre y nostálgico, pues recodamos todo aquello que hemos vivido. Todas esas alegrías y penas, todos esos momentos que nos has regalado y que compartimos juntos. Pero sabemos que estarás, que volverás un día a acompañarnos en nuestro caminar, sembrando nuestro camino y haciéndolo como fué. Te lo agradecemos.
Y hoy te lloramos, solo hoy.

El menú de la vida

La vida es confusión y elección. Eso está claro. Confusión previa a elección generalmente diría yo, aunque no siempre. Tanto en los elementos más mundanos de la vida, como en los más profundos. Aunque a veces sólo sea confusión en estos últimos. Confusión que no lleva a ninguna elección. Es decir. Yo hoy podría comer patatas o arroz. Y, previo a la elección, tenemos un proceso de confusión en el que nos debatimos entre las opciones para, a posteriori del análisis de pros y contras de ambos elementos, llegar a una elección. Pero los sentimientos, por desgracia, no son así. Ojalá fueran así. Son nubes de confusiones en donde piensas que te encanta el arroz y, de repente, es arroz mutante con sabor a patata; y luego llueven espaguettis del cielo que tienen bolognesa que no te gusta y, cuando parece que ya no tienes apetito, te das cuenta de que quieres croquetas, pero eres alérgico y compras sopa que misteriosamente resulta ser de patata.
A veces no elegimos, pues no hay elección. Solo un gran universo de confusión en el que hacemos girar nuestro pequeño mundo hasta el mareo.

Into the wild

Y todo empieza como siempre. Una duda. A partir de ahí un todo. Una vorágine. Y una nada.Una huída hacia caminos que nos pueden llevar a cualquier parte o a ninguna. Un coche. Carreteras. Árboles como mártires. Guardianes de una ruta. Cuentan sordas historias. Aves vuelan alto y el viento sopla fuerte. Ríos impetuosos que siempre siguen su curso. De un principio a un fin. El de siempre. Altas montañas. Dignas. Nos permiten ver más allá. Proyectarnos. Animales salvajes que nos acompañan. Nos miran recelosos. Saben de nuestra verdad. Huyo de ella. Lo intento. Intento ver solo mi yo. Mi realidad. Olvidándome de todo lo innecesario.Libertad. Un susurro fresco. Me estremece y me hace sentir pequeño. Es demasiado para poder comprenderla como lo que es. No la merecemos. Lo comprendo al fin. El camino se acaba y la duda se esfuma como llegó. Como un torbellino. Pero ya es tarde. Ahora solo verdades, animales, montañas, ríos, aves, viento, árboles, caminos y senderos escarpados nos separan del principio. Hay que desandar lo andado. Y es que cuando llegamos al final... siempre volvemos al principio.

Alexander Supertramp 1992
"Into the wild" ("Hacia rutas salvajes")