Quiero ver el río golpear,
en noches eternas a roca y piedra,
quiero ver a la gente rebuscar,
en un futil susurro de grandeza,
quisiera abandonar toda elocuencia
y dejarme llevar por esa placentera inconsciencia,
no pensar may allá del ayer o del mañana,
gozar una vida plena, sin miedos ni sinrazones,
pero algo me ata,
algo mas firme que el mas firme de los sentimientos
y es que amigos, estoy aquí y
sigo vivo.
viernes, 27 de marzo de 2009
jueves, 26 de marzo de 2009
Tengo miedo
Hola, soy un chico de 20 años y me llamo Jorge. Ultimamente me ha dado por pensar y la elocuencia me ha golpeado con crueldad, con saña, sin piedad, como un candente ascua, me quema. Me he dado cuenta de que estoy perdido, muy perdido en un mundo de miedos y tempestades, ilusiones vacias y desilusiones demasiado nitidas incluso para ser reales. Lo tengo todo y, al mismo tiempo, nada. Soy una “bufonica” bola de mentiras. Así me siento. Día a día me miento. Me miento pensando que todo va bien, que todo es perfecto, intentando vivir en presente, pero hoy me siento golpeado. Golpeado por una realidad que me abruma, que me impide andar, espesa, dura como el mas duro de los diamantes, filosa como la más afilada navaja. Me hiere en lo mas profundo, duele. Vivo una mentira, hoy lo se, me equivoco, creo que siempre lo supe, pero… ¿merece la pena como creía hasta ahora o es un engaño, una cortina al gran teatro de la realidad, de la vida? No lo se, no se si lo conseguiré, si algún día llegaré a ser siquuiera una mera imagen de lo que siento que debo ser, una sombra vaga de lo que quiero ser. Y hoy me confieso. He pecado, he pecado de optimismo e ilusión, de tranquilidad desmesurada, de esperanza y me he mentido. ¿Podré decepcionar a las personas que mas quiero? Esa no es la pregunta, perdón, ¿podré decepcionarlas más? ¿puedo? ¿puede la esperanza de un futuro escurrirse entre mis dedos como arena fina? ¿puede realmente? ¿puede escaparseme mecida por el viento como una hoja de olmo en un noviembre cualquiera? Aun estoy buscando mis respuestas a tantas preguntas, esas respuestas que añoro, ¡oh dios! cuanto las añoro… pero no hay nada y, por primera vez, tiemblo, como un niño pequeño en su cama en ausencia de esa apaciguadora luz. Y al igual que para ese niño todo está oscuro a mi alrededor y tengo miedo.
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